jueves, 3 de enero de 2019

Dios...

Sabían que cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de USA, la pregunta recurrente que le hacían los estudiantes era:

-¿Cree Ud. en Dios?
Y él siempre respondía:
-Creo en el Dios de Spinoza.

El que no había leído a Spinoza se quedaba en las mismas…

Espero que esta joyita de la historia, les sirva tanto como a mí:

Baruch de Spinoza fue un filósofo Holandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes.

Aquí algo de él.

Este es el Dios o naturaleza de Spinoza:

Dios hubiera dicho:

¡Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho!
Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, oscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa!
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

¡Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo!
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...
¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que solo crean culpa en ti.

Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó? ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿qué clase de Dios ególatra crees que soy?

Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?... ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.

Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.

¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti.

Spinoza.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Hola !!

Hace un buen que no publicaba nada en este blogg, creo que ya es tiempo de dramatizar nuevamente mi vida, ya que últimamente circunstancias de la vida diaria me tienen muy pensativo...

Les ha pasado que a veces hay personas que sin deberla ni temerla, te caen tan pero tan mal que el simple hecho de solo verlas o hasta pensar en ellas comienza mal tu dia???

Pues últimamente me ha estado pasando, desde el año 2012, todas las mañanas, el hecho de ver a este personaje, de escuchar su voz, de mirar que va llegando, no se, es algo que se me ha hecho un martirio... Fuera de todo ello, fuera de chismes, de compañeros maliciosos, de malas jugadas, todo transcurre con normalidad durante el dia hasta que hace su aparición esta personita...

A lo mejor no soy la buena onda andando, o no soy la mejor persona de mundo, pero de plano... ESTOY MAL?

Alguna vez crei que yo era el del problema, por ser una persona poco tolerante, por no entender instrucciones a la primera, por ser una persona que le dice si a todo... Pero me di cuenta que este sentimiento que traigo en mis adentros es un sentimiento generalizado, en su mayoría piensan como yo...

Pero bueno, esta corta queja es nomas por abrir nuevamente este blogg y compartir un poco de mis experiencias de vida, les quiero mucho y espero seguir agregando contenido a esta cosa.

Gracias !!


martes, 20 de junio de 2017

Nocturno a Rosario


Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Díos que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!

miércoles, 13 de enero de 2016

Cuando eres la típica persona PLASTA...

Lo que te convierte en un plasta...

Eres el típico plasta? Hay gente que molesta, que tiene conductas que van de la excentricidad inofensiva a la estupidez supina. Si te reconoces, no te preocupes: te ofrezco  maneras de corregir algunas de ellas. Así que haz el favor de dejar de...
1. Hablar a gritos por el móvil. Sí, todos te están escuchando. No, a nadie le interesa. Y si estás en un transporte público, doble delito.
2. Hacer cualquier cosa desnudo en el vestuario que no sea ducharte. Ya sabemos que estás muy orgulloso de tu gran amigo, pero no es necesario sacarlo a pasear más allá de lo necesario. De lo contrario, te unirás al club de esos señores tan despreocupados que mantienen en pelotas auténticas charlas de timba de póquer.
3. Decir ¿puedo darte un consejo? antes de darlo. Mejor dilo directamente. Pero sé cuidadoso. Un si fuera al revés, me gustaría que tú me lo dijeras a mí es una combinación efectiva de preocupación y respeto.
4. Hacer largos en una piscina de hotel minúscula. Si estás solo, vale. Pero si hay una sola persona más, mejor ahórratelo. 
5. Colgar mensajes en plan motivación en tus redes sociales cada dos por tres. Incluso si quieres convertirte en uno de esos influencers que sigues en Instagram, debes dosificarte. Una imagen vale más que mil palabras. Y más vale un buen post al día (o cada 2-3 días) que bombardear a tus followers cada tres horas.
6. Escribir un mensaje como quien no quiere la cosa que diga: ¿Hacemos algo? Mejor actúa como los de tu edad, sobre todo con alguien con quien intentes ligar. Prueba con un ¿Te apetece quedar? También es desenfadado, y este sí suena a adulto seguro de sí mismo. Estate preparado para, cuando te conteste que sí, proponerle ideas: demuestra que has estado pensando en ella o en él. 
7. Llevar un gorro de lana en interiores. Que esto no es Breaking Bad. Bueno, en realidad llevar cualquier cosa que te tape la cabeza en interiores, sea un gorro o una gorra, un sombrero, una boina, un turbante hindú o la pamela de tu tía.
8. Elegir el 69 como dorsal para la camiseta del equipo que llevas puesta.
9. Ir de sobrado en el gym. Cuando hagas ejercicios, concéntrate en el ritmo y el equilibrio, no en las manos y los brazos. Deja que el torso y los brazos se sincronicen con el cuerpo. Hazlo con armonía y obtendrás buenos resultados en tus rutinas. Y nada de dar gritos para demostrarles a todos el gran peso que levantas. No hay nada más odioso (bueno sí: dejar las máquinas llenas de sudor).

10. Ocupar el banco/asiento/urinario del tío de al ladocuando hay otros libres. Sencillamente, es incómodo.
11. No parar de decir que eres de donde quiera que seas. Todos hemos nacido en alguna parte. Y no es ningún mérito.
12. Publicar constantemente en Instagram platoscocinados por ti. Más o menos lo mismo que en el punto 5.
13. Alardear de que conoces al dueño del restaurante/bar/lo-que-sea. Si quieres sentirte como uno más de la casa y que te acaben conociendo en un restaurante, ve un martes. El personal ya habrá cogido el ritmo, pero tendrá más tiempo de charlar, y puede que el chef hasta pruebe platos nuevos.

14. Referirse al equipo de fútbol que sigues como “nosotros”. No.
15. Decir mucho 'literalmente' y siempre de forma incorrecta.
16. Creer que todo está más bueno con queso. Para alimentos con un gusto sutil, como el pescado blanco o el pollo asado, usa algo ácido para potenciar el sabor. Corta en dos mitades una lima o un limón y pásalo por la plancha por la parte cortada. A continuación, exprímelo.

17. Hablar de las fiestazas que te pegabas antes. Todos hemos tenido 20 años. Y ya no. Basta.
18. Decir que tú llevas algo (sea lo que sea) 'a otro nivel'. Típica frase que no quiere decir nada. Sé concreto sobre en qué vas a mejorar y menciona un objetivo cuantificable. Así sí.
19. Terminar las frases de otros con: Correcto. Es incorrecto.

martes, 24 de noviembre de 2015

El Cuervo.

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)

el cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

lunes, 2 de noviembre de 2015

Conversando con mi muerte...

Conversación con mi muerte...

Muerte: no sé qué es lo que quieres,
con este matarme a pausas,
ni tampoco, porque causas
me revives y me hieres
en dolores y placeres
siempre descubro escondida
tu vigilancia encendida
y no entiendo si sufrir 
o gozar con el morir  
con que prolongas mi vida

Muerte: conmigo naciste 
mi corazón es tu nido
de mi sangre te has nutrido
y  en mi cráneo te escondiste.
en todo mi cuerpo existe 
la invasión de tus pupilas
y  si mi vida vigilas
y hasta de ti la defiendes
es por que de sobra entiendes
que al matarme te aniquilas

Después de todo no puedo
defenderme de ti, muerte
ni de buscarte y temerte 
con atracción y con miedo
casi vencido al fin cedo
puedes hacer lo que quieras
más ojala que vinieras
con rapidez atrevida
y que al quitarme la vida
no sienta cuando me hieras

Muerte: yo mismo no entiendo 
porque en momentos te pido
que me dejes consumido 
y en otros estoy sufriendo
al amar tanto mi vida.
En la lucha enardecida
entre suplica y rechazo
mas y mas siento el abraso 
de tu ternura homicida.


Ya me canse de llevarte
asiduamente conmigo 
como mortal enemigo
que mi existencia comparte
como no puedo apartarte
mi venganza enfurecida
hace que al fin me decida
a luchar hasta vencerte
porque he de matarte, muerte
aunque me cueste la vida

Elías Nandino

martes, 29 de septiembre de 2015

5 consejos de Stephen Hawking

5 consejos de Stephen Hawking para quienes van a la Universidad.
La universidad es un gran paso para cualquier estudiante, en ella comienzan los estudios de lo que se supone que es su verdadera pasión. Es también una instancia para conocer gente con los mismos intereses, personas que podrían transformarse en los amigos de toda una vida. La educación que ahí se recibe entrega las herramientas para desempeñarse en el mundo laboral y poder comenzar a ganar dinero para establecerse de forma independiente. Todo esto es comúnmente aceptado y remarcado por padres, profesores y ex alumnos, pero en un atìculo el genio físico Stephen Hawking da sus propios consejos, 5 cosas importantes para la vida que la universidad no te enseñará y que son fundamentales para lograr la plenitud:

1. No trabajes demasiado duro en las asignaturas


Si lo que estudias en verdad es tu pasión, deberías poder verlo y trabajar en ello en cualquier ámbito de tu vida; lo encuentras en la calle, en el supermercado, en eventos sociales; sabes reconocerlo y aprendes constantemente. Eso le sucedía a Hawking, él sólo dedicaba una hora diaria a sus estudios en Oxford, el resto del tiempo vivía su vida y reflexionaba sobre lo que le iba apareciendo en el camino, una técnica que lo convirtió en quién es hoy en día.

2. No pierdas oportunidades por tratar de parecer interesante


Cuando llegamos al nuevo mundo universitario sentimos una inseguridad muy grande, queremos impresionar y hacer nuevos amigos, y a veces nos desviamos de lo que nos hizo entrar ahí en primer lugar. El científico explica que no hay que confundir las prioridades; las fiestas y la vida social pueden hacernos creer que eso es lo único importante y rebajar nuestro aprendizaje.

3. Mantén las cosas simples


Lo más simple es lo importante. Hawking recomienda tratar de pensar en términos de imágenes y asociar las palabras con analogías y diagramas. Dice también que la mejor explicación es aquella que es simple y fácil de entender por cualquier persona. Eso mismo ha aplicado él en sus libros y por lo mismo son tan populares.

4. Diviértete


Divertirse es algo que no hay que dejar de lado ni mirar en menos. La vida hay que aprovecharla y la universidad es un gran espacio para pasarlo bien.

5. Busca algo esperanzador, incluso si te enfermas gravemente


Stephen Hawking es el ejemplo mismo de esta frase. Él ha tenido que vivir postrado en una silla de ruedas durante décadas y aún así su pasión lo ha mantenido activo. Aprovecha su tiempo, hace clases, va a reuniones, escribe libros, reflexiona, nadie puede decir que se rindió luego de haber llegado al estado que todos conocemos.
¿Seguirás sus consejos?